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Montsegur: Un pedacito de historia cátara

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Hoy tras la contestación a un email de un amigo, recordé un artículo de la revista Selecciones del Reader’s Digest leído hace muchísimo tiempo y que quizás no vuelva a encontrar. El artículo se llamaba Montsegur-Morir antes que abjurar.

Montsegur es una pequeña villa ubicada al sur de Francia en los Pirineos y asentada al pie del monte Pog en cuya cima se encuentran todavía los restos del castillo de Montsegur.

El castillo fue sitiado en mayo de 1243 por un ejército de casi 10000 soldados comandados por Hugues del Arcis senescal de Carcassona y Pedro de Amiel arzobispo de Narbona en cumplimiento de la cruzada contra los cátaros ordenada por el papa Inocencio III. El sitio duro diez meses.

Dentro de la población que defendía el castillo se encontraban unos 200 cátaros refugiados entre los que se encontraban perfectos y perfectas que habían sobrevivido a la Cruzada Albigense.

Al caer el castillo se conminó a los cátaros a abjurar de su fe, al negarse a hacerlo, y expirar el plazo de 15 días que los vencedores les habían ofrecido, fue levantada; al pie del castillo, una enorme pira. La mañana del 16 de marzo de 1244 fueron quemados unas 200 personas, hombres y mujeres.

Hoy el lugar es recordado con una simple lápida en donde se invita al viajero a detenerse ante el Camps des cremants (Campo de los quemados) que recuerda a los inmolados y a leer con respetuoso silencio el epitafio en el escrito: “Als catars, als martirs del pur amor crestians. 16 mars 1244” ( A los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano…..”)

Los cataros o albigenses fueron miembros de un movimiento religioso de carácter gnóstico, que se propagó a mediados del siglo X por Europa Occidental y que se asentó; hacia el siglo XIII, en el sur de Francia, especialmente en la regíon de Languedoc.

El catarismo predicaba la salvación mediante el ascetismo, o sea, la búsqueda de la purificación del espíritu por medio de la negación de los placeres materiales. Para los cátaros el mundo material era una obra del demonio y debería ser rechazada.

Rechazaban el bautismo, al usar agua, para ellos elemento material y por ende impuro. Eran vegetarianos, y practicaban la estricta castidad, oponiéndose al matrimonio con fines de procreación.

Durante el papado de Eugenio III se empezó a tratar de evitar el avance del catarismo, pero los resultados no fueron satisfactorios. Es con la llegada de Inocencio III, que se decide poner fin al movimiento religiosos con una cruzada, teniendo como detonante la muerte de un legado enviado por la iglesia, el monje cisterciense Pedro de Castelnau el 14 de enero de 1208.

Un episodio de esta cruzada sucedió en Béziers ciudad considerada hereje y con gran población cátara, fue sitiada por el legado papal Arnaldo Almanric; Abad de Cister, en el año de 1209.  Al caer la ciudad el Abad ordenó matar a los herejes cátaros. Al ser consultado sobre como diferenciar a unos de otros este respondió “Matadlos a todos Dios reconocerá a los suyos”.

No se sabe en realidad cuantos murieron en Béziers, según datos oficiales de esa época las muertes llegaron a 20000 entre hombres, mujeres y niños.

En 1216 muere Inocencio III y es el rey de Francia Luis VIII quien se pone al frente de la cruzada y posteriormente Luis IX consiguen someter a los señores feudales partidarios del catarismo.

Pese a la derrota, el movimiento cátaro continúo. Por esta razón la iglesia crea la inquisición, que provoca que los cátaros se retiren paulatinamente a fortalezas apartadas con la esperanza de sobrevivir.

La caída de Montesegur en 1244 y la Quéribus en 1255 marcará el fin de catarismo.

En la foto el castillo de Montsegur en la actualidad.

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